Pluscuamsistémico: Una lectura de lo ocurrido esta semana (con el diario del martes)
Es fácil ser sabio con el diario del lunes, o en este caso, martes. Uno lee el resultado, recorre las jugadas y se pregunta cómo es posible que nadie haya visto venir lo que, ahora, parece tan evidente. Sin embargo, el diario del martes tiene una virtud que no conviene despreciar: es el único que llega, no con todas las respuestas, pero con certeza, con más respuestas de las que se tenía antes, y por eso es el mejor momento para hacerse las preguntas correctas.

Es fácil ser sabio con el diario del lunes, o en este caso, martes. Uno lee el resultado, recorre las jugadas y se pregunta cómo es posible que nadie haya visto venir lo que, ahora, parece tan evidente. Sin embargo, el diario del martes tiene una virtud que no conviene despreciar: es el único que llega, no con todas las respuestas, pero con certeza, con más respuestas de las que se tenía antes, y por eso es el mejor momento para hacerse las preguntas correctas.
No escribo estas líneas para señalar culpables. Esa tarea corresponde a otros, y tendrá sus propios cauces y sus propios tiempos. Escribo para tratar de entender qué nos dice lo ocurrido sobre la forma en que pensamos, regulamos y medimos la importancia de un banco. Porque, si algo dejó claro esta semana, es que nuestras categorías se quedaron cortas.
Lo que ocurrió
Pasadas las tres de la madrugada del martes 3 de noviembre, el Banco Central del Paraguay comunicó que su Directorio había resuelto, por unanimidad, iniciar un procedimiento de resolución respecto de ueno bank. El fundamento fue técnico y la norma, conocida: la Ley 2.334/03, de garantía de depósitos y resolución de entidades de intermediación financiera. Los ajustes a los estados financieros habían llevado el índice de solvencia a niveles muy inferiores al mínimo exigido.
La medida implicó lo que una intervención implica. Las operaciones se suspendieron, la aplicación dejó de funcionar y las tarjetas también. El BCP recordó que los depósitos están garantizados hasta 75 salarios mínimos por depositante y por entidad, es decir, unos 228 millones de guaraníes, y estimó que esa cobertura alcanza completamente al 97% de los ahorristas. Poco después, el Congreso aprobó una ley para anticipar pagos con cargo al Fondo de Garantía de Depósitos.
Hasta aquí, el libreto. Lo que no estaba en el libreto fue la escala. ueno tenía alrededor de 2,9 millones de clientes, una cifra que, según distintas estimaciones, equivale a cerca del 60% de la población adulta. Concentraba cerca del 9% de los depósitos del sistema y alrededor de 850 millones de dólares en fondos públicos, entre ellos recursos del Instituto de Previsión Social. Y aunque el 97% de las personas estaba cubierto, Moody's advirtió que solo cerca del 30% del valor de los depósitos lo estaba. Es decir, la garantía protege a casi todos, pero no protege a casi todo.
El puente de la avenida Artigas
Hace ya diez años, se detectaron grietas en un puente sobre la avenida Artigas. El entonces intendente resolvió clausurar la avenida, y la decisión fue, sin duda, la correcta: nadie en su sano juicio deja pasar autos sobre una estructura que puede ceder. Pero lo que ocurrió después sorprendió a muchos. El tránsito se resintió en calles que estaban a varios kilómetros del puente. Hubo quien tardó media hora en recorrer un trayecto de dos minutos. El problema no estaba en el puente clausurado, sino en todo lo que dependía de él sin saberlo.
Algo parecido pasó aquí. Se intervino un banco, y la decisión, en términos prudenciales, tenía su lógica. Pero entre el segundo y el tercer día, las aplicaciones de otros bancos empezaron a fallar. Algunas entidades atribuyeron las intermitencias a una cantidad atípica de aperturas de cuentas y depósitos; otras pidieron a quienes no pudieran completar el trámite digital que lo intentaran más tarde. La presidenta interina del BCP estimó en unos tres millones los intentos de apertura de nuevas cuentas.
No eran ahorristas buscando refugio. Eran personas que cobraban su salario en ueno, que pagaban sus cuentas con ueno, que vendían con ueno. Personas que, de la noche a la mañana, quedaron fuera del sistema y salieron a buscar, con el celular en la mano, una calle alternativa por donde seguir con sus vidas.
Y hay un detalle que, desde Cumplimiento, no puedo dejar pasar. Cada una de esas aperturas es una debida diligencia. Miles de altas en pocas horas, por canales digitales, con clientes que la entidad no tenía (y por ende, no conocía) el día anterior, tensionan no solo los servidores, sino también los procesos de conocimiento del cliente. Los oficiales de cumplimiento también vieron (o verán) colapsar su avenida.
Sistémico, y algo más
En la gramática castellana existe un tiempo verbal que siempre me pareció fascinante: el pluscuamperfecto. Es el pasado del pasado, lo que ya había ocurrido cuando otra cosa ocurrió. Algo que es más que perfecto, en el sentido de terminado. Me permito, entonces, tomar prestado el prefijo para nombrar lo que vimos: ueno no era solamente sistémico. Era pluscuamsistémico, era más que sistémico.
Un banco sistémico es, en términos generales, aquel cuya caída puede afectar al sistema financiero en su conjunto. Los criterios que suelen utilizarse para identificarlo son conocidos: tamaño, interconexión con otras entidades, complejidad y sustituibilidad de sus servicios. ueno cumplía con creces el primero. Pero esta semana demostró que su relevancia no se agotaba en el tamaño, sino que se explicaba por la combinación de varias capas que, juntas, lo volvían difícil de reemplazar.
Capilaridad: Casi tres millones de clientes, distribuidos en todo el territorio, con una presencia digital que llegó a donde otros no llegaban.
Base de la pirámide: Para muchas personas, ueno no era un banco más, sino el primero. Cuentas sencillas, apertura en minutos y pagos cotidianos. Para ellas, no había un segundo banco al cual recurrir.
Banca corporativa: Empresas que pagaban salarios y proveedores a través de la entidad, y que, al quedar paralizadas, trasladaron el problema a sus empleados y a su cadena de valor.
Fondos públicos: Una porción relevante de los depósitos del Estado, incluidos recursos previsionales, que convirtieron una crisis bancaria en una preocupación de interés general.
Es en la sustituibilidad donde la calificación de sistémico se mostró insuficiente. Medimos cuánto pesaba el banco, pero quizás no medimos cuántos dependían de él sin tener otra opción. Moody's consideró que el riesgo sistémico puede mantenerse contenido, porque los pasivos de ueno con otros acreedores locales son relativamente reducidos. Desde la óptica de la interconexión financiera, puede que así sea. Pero la otra interconexión, la de las personas, fue la que hizo colapsar las aplicaciones.
Una categoría que no debería existir
La tentación, frente a lo ocurrido, sería proponer una nueva categoría. Si sistémico no alcanzó, creemos un escalón superior, con más exigencias y más supervisión. Pluscuamsistémico no existe en la norma, y lo digo con toda claridad: tampoco aliento su creación.
Crear la categoría equivaldría a admitir que puede volver a permitirse una entidad con semejante relevancia. Sería diseñar el rótulo para el próximo puente, en lugar de construir las calles alternativas que impidan que una sola estructura sostenga todo el tráfico. Y tendría, además, un efecto indeseado: la etiqueta de "demasiado grande para caer" suele leerse, en los mercados, como una garantía implícita, y esa garantía es la que alienta exactamente los comportamientos que luego hay que lamentar.
Lo que corresponde, me parece, es algo menos vistoso y más eficaz.
Evitar la concentración: Especialmente la de fondos públicos y previsionales, que no deberían depender en semejante proporción de una sola entidad.
Medir la sustituibilidad: No solo cuánto pesa un banco, sino cuántas personas y empresas no tendrían dónde ir si ese banco se detuviera.
Preparar la resolución: Planes de recuperación y resolución que prevean, por ejemplo, cómo trasladar en forma ordenada cuentas sueldo, pagos y alias a otras entidades.
Fortalecer el capital: Moody's anticipó que el caso podría acelerar la adopción de Basilea III, que incluye colchones adicionales para las entidades de importancia sistémica.
Pensar en las vías alternativas: La interoperabilidad, la portabilidad de cuentas y la capacidad del resto del sistema para absorber, de forma segura, una demanda extraordinaria de altas digitales.
Nada de esto requiere un nombre nuevo. No nos conviene crear la categoría “pluscuamsistémico”, al contrario, no debemos permitir que, en la práctica, vuelva a existir algo así. Y requiere, eso sí, mirar con otros ojos lo que ya tenemos.
Reflexiones finales
El puente de Artigas fue reparado, y con el tiempo el tránsito volvió a la normalidad. Pero quienes estuvieron atrapados en aquellas filas aprendieron algo que ningún plano les había mostrado: que una ciudad depende, a veces, de una sola estructura, y que eso solo se descubre cuando se cierra.
Con el sistema financiero ocurre lo mismo. Esta semana descubrimos cuánto dependíamos de una entidad, no porque alguien lo hubiera medido, sino porque de alguna manera se permitió que creciera hasta que ya fue mucho más relevante de lo permisible razonablemente (Y de pronto, dejó de estar). Ese descubrimiento tiene un costo, y lo están pagando, sobre todo, quienes menos alternativas tenían.
El diario del lunes martes ya está escrito. Lo que nos toca ahora es redactar el de los próximos lunes, y el de todos los días que siguen, de manera que la próxima vez que haya que clausurar un puente, el tránsito encuentre por dónde seguir sin que la afectación sea como la que presenciamos esta semana.


